VENEZIA: La Crónica (13-16/noviembre/2009)

VENECIA
13-16 de noviembre de 2009

Tras muchos días… de mirar, sobretodo Silvia, las páginas de internet, ofertas de vuelos, hoteles y ver cómo los precios suben y bajan como los aviones, aunque bajar menos, ya tenemos resuelto el viaje. Bueno, resultar, no resultó del todo como esperábamos… pero nadie nos quitó la emoción de correr por el intrincado laberinto de las calles de Venecia.

El pronóstico del tiempo no era muy alentador, pero ideamos que si cargábamos con paraguas, chubasqueros, mudas… a lo mejor librábamos, y mira tú, cómo acertamos.

Silvia y Nayo repetían por tercera vez consecutiva y esta vez con su Nayíno pequeño (menos de un año) pues les ha resultado viajero. Para Jorge y María a igual que Angel y Nati era el primer viaje a Venecia. Ellos volaban desde Santander y yo desde Madrid.

Se supone que tenía que llegar una hora y media horas antes que ellos al aeropuerto de Bérgamo, pero una hora que se retrasó mi vuelo y media hora que se adelantaron ellos, llegamos sincronizados sobre las 21:30. Parecía que no habíamos salido de España. Nos encontramos con unos cuantos orientadores conocidos. En total, de los 3800 inscritos, participábamos casi un centenar de españoles en la XXXª edición de la carrera en Venecia.

Esa noche nos alojamos en el Hostel Central cerca de la estación de tren. Que al día siguiente tendríamos que tomar para llegar a nuestro destino. La recepcionista nos deleita con su acento italiano. No tendríamos tiempo de visitar la ciudad, pero parecía bonita.

DIA 14
Después de un opulento desayuno, nos encaminamos hacia la pequeña estación de tren, que Nayo y Silvia habían conocido tranquila. Por sorpresa nos la encontramos abarrotada. Y aún teníamos que sacar los billetes. Creímos que había tiempo suficiente pero advertimos que sólo atendía en una ventanilla. Y la espera empezaba a desesperar. La cola se iba comiendo los minutos…

Silvia subió al andén con el carricoche para ir ganando tiempo. Intentó disuadir al jefe de estación, pero dijo que no podían esperar. Por fin nos atendió la señorita de la ventanilla: “7 adultos para Venecia y un niño, para ¡ahora!”. Nos mira sorprendidos, “¿que edad tiene el niño?”, “no hay tiempo para sacaros ida y vuelta” nos dice mientras teclea en el ordenador como una descosida. Casi le arrancamos el billete de la mano cuando salimos corriendo por los pasillos, nos quedaba subir unas escaleras cuando oímos un silbato, “¡Nuestro tren!” cuando alcanzamos el andén el tren ya se estaba alejando… Miramos el reloj. “Pues si que son puntuales aquí… yo creo que ha salido con unos segundos de adelanto y todo”.

Opciones: podíamos ir a Milán todavía, aunque esto suponía ir para atrás en el mapa y coger un tren que nos llevaba directo a Venecia. El que habíamos perdido nos llevaba a Brescia y ahí teníamos que hacer trasbordo.

Lo malo es que íbamos a llegar a Venecia a las 14:10 y estábamos apuntados a una carrera que comenzábamos a las 14:00 y en la otra punta de la ciudad. Pero la carrera realmente importante era al día siguiente. Esta sólo servía de calentamiento.

La estación de Milán era enorme a la que llegamos después de casi una hora en dirección contraria a nuestro destino. Nos fijamos que los trenes no salían ni con un segundo de retraso; aunque su aspecto por fuera era muy descuidado y parecían objeto de vandalismo.

Llegamos a Venecia en un día gris, apagado, en contraste con nuestro ánimo. Pero no llovía. Compramos un mapa para dirigirnos al hostal, que se encontraba bastante céntrico cerca del puente de Rialto.

Estrechos callejones que ni el pasillo de casa, canales de agua azul turquesa surcados por alguna góndola, que teníamos que sortear por pequeños puentes románticos… Vueltas y mas vueltas de esquina. A veces tuvimos que retroceder al desembocar una calle a un canal. Nos íbamos haciendo una idea de lo intrincado que iba a ser correr por aquí. Yo ya había estado tres veces, y me había imaginado sin saber que llevaban una sola edición, que una carrera aquí sería particularmente bella y curiosa.

Tardamos el doble de lo que pensábamos en llegar a la calle Botteri que buscábamos y pasamos de largo sin reparar en el portal 1699. Volvimos sobre nuestros pasos leyendo portal a portal y de pronto quedamos atónitos. Casi nos saltaron los ojos como al Nayín descubriendo el mundo. No había portal más ruinoso y parecía un edificio de plantas abandonadas. Pues sí que nos tiramos a lo barato… Llamamos al timbre temerosos de recibir un calambre. La puerta cedió y pasamos al interior del portal frío, oscuro, vacío, con la pintura a medio desprender y unas escaleras que ascendían a las plantas superiores. También nos sobrecogió un enjambre de cables enredados y teclas que mejor no arrimarse en la pared detrás de la puerta. Las escaleras sin embargo no chirriaban, pues eran de piedra y nos sorprendió y todo a medida que ascendías pues estaban pulimentadas las últimas. Nos atendió una persona mas o menos joven y dos hicieron pasar a Nayo, primero, hacia el fondo del piso por una cocina a una terraza y luego pensó que para ir a las habitaciones había que pasar por una colectiva que veía detrás de un ventanal, porque la planta acababa allí. Nos hicieron esperar a todos en la terraza que parecía los desquicios de un jardín botánico, mientras el chico parecía hacerse una composición del lugar. Luego empezó a distribuir llaves pero no encontraba todas.

Salimos de este piso y nos llevaron al vecino que iba pareciendo otra cosa. El suelo era de moqueta roja.

Angel advirtió que en su llave ponía un 6 y en la puerta de la habitación que tenía que ocupar ponía un 2. Al decírselo al chico, este negó que hubiera confusión y arrancó de cuajo el número de la puerta. Las habitaciones eran amplias con moqueta, pero el cabecero de la cama simplemente apoyado en la pared parecía que iba a caer en cualquier descuido. Las tres parejas quedaron instaladas en sus habitaciones con baño, que era lo más presentable, pero en una de ellas no funcionaba la calefacción. Bueno, el frío tampoco era excesivo. A mi me llevaron a una habitación compartida en el piso que habíamos visitado de entrada, junto a la cocina. La sala era enorme y había tres camas, una con litera y por supuesto sin calefacción. Me dice riéndose que me toca con dos chicas pero no acabo de creérmelo.
Nos preparamos rápidamente para ir a la zona de carrera, a ver si nos dejan todavía correr.

El puente de Rialto quedaba relativamente cerca y nos sorprende un bonito espectáculo. El sol se dejaba ver entre la bruma por fin rasgada del lánguido día, pálido, rojizo y a punto de ocultarse bajo las aguas del Gran Canal. Esta es la imagen que quería enseñarnos Eduardo a Javi y a mi, cuando regresamos de las montañas Dolomitas a principios del verano del 2006, pero claro, el sol no se perdía en aquella gloriosa dirección entonces.

Llegamos a la plaza de San Marcos. No pudimos entretenernos más y seguimos hacia el polideportivo donde la organización repartía dorsales, mapas y llevaba el control de carrera y había incluso algún punto de venta deportiva a propósito. Llegamos todavía con la intención de dar un paseo con el mapa de carrera, pero también llegaba en ese momento el que estaba recogiendo balizas. Bueno, no importa, porque la zona de carrera hoy tampoco tenía que ver con la de mañana y ya habíamos hecho bastante orientación.

Recogimos dorsales, nos mezclamos en el ambiente de competidores… Se habían acabado los imperdibles pero nos dieron caramelos. La gente aprovechaba para repartir panfletos de los próximos eventos de orientación en toda Europa incluso para el 2011. Nayo se queja de su torpeza por no haber traído propaganda del primer circuito asturiano de orientación nocturna, que se celebrará en el próximo invierno. Pero luego buscamos una imprenta para hacer el cartel que descarga de internet.

Camino de regreso al hotel, compramos comida porque no tenía pinta que sirvieran desayunos. Pero nos equivocamos: nos dan unos vales para que bajemos a desayunar en la confitería de al lado. El desayuno estaba incluido pero no la calefacción, nos cuenta.

Luego bajamos a cenar por allí. Parecía tardísimo y estábamos agotados pero eran sólo las 21:30 cuando regresamos al hotel dispuestos a acostarnos enseguida.
Yo no había hecho ni la cama y cuando entro en mi habitación tengo que andar a tientas porque ya se habían acostado los ocupantes de las literas. Para mi sorpresa una de las chicas tiende la mano para encender la luz. Vi revolvérsele el pelo y sus ojos brillaron en su cara. No me podía esperar tan jóvenes bellezas. Empezaron a juguetear entre ellas, la de arriba queriendo tocar a la de abajo. Me dijeron que eran Germany. Hablamos un poquillo gracias a que entendían algo el español. Les dije que mañana se celebraba un carrera. Luego se levantaron para ir al baño aunque me dejaron a mi primero que iba a lavarme los dientes. El baño lo teníamos fuera.

A la cama que estaba vacía llegó otra chica adentrada la noche. Yo no sé si por el cansancio o por saberme tan bien rodeado y que vigilaban mis sueños descansé como si hubiera dormido, porque la juerga que se corría fuera no se agotó hasta media noche y los ruidos de la calle levantando persianas comenzaron muy temprano.

DIA 15
A Jorge y María le acribillaron los mosquitos. Curiosamente fueron los únicos aunque su habitación ya presentaba signos de batalla. Y no creo que fuera de andar por los techos.

Angel era el primero en salir en la carrera, o sea que no le daba tiempo a desayunar a las 8, hora que daban los primeros desayunos. Y marchó con Nati cuando los demás nos levantábamos.

No llovía y aunque el cielo estaba encapotado, era más nítido que ayer.

Te hacían estar una hora antes para coger un vaporeto que nos trasladaría a la otra orilla del Canal Grande en el puntal de la Salute.

Yo era el siguiente en salir y llevaba ropa y la cámara de fotos al polideportivo donde cerca se situaba la meta.

Todos nos perdimos un poco entre callejuelas en dirección a la plaza San Marcos. Aunque estaba indicado, en alguna dudosa esquina, aún tenías que preguntar. Recién, empezaba a bajar la marea, aunque no había sido muy viva. Sin embargo en la Plaza de San Marcos había ligeros charcos. Suficiente para entretenerme a sacar unas bonitas fotos de reflejos. Hasta que me di cuenta que iba apurado. Cada uno tenía su su hora asignada para coger el barco al que llegué por segundos, después de tomarme nota y permitirme pasar.

Cuando llegué al puntal tras 5 minutos de circunnavegación por el Adriático aún no había salido corriendo Ángel. La primera salida era a las 9:30.

Dio tiempo a dar una vuelta por allí, visitar el templo de la Salute. Encontrabas a gente sentada dentro como si fuera una terraza: “Aunque te parezca mentira estamos esperando para confesarnos” me decía uno.

Al poco de calentar se me removieron las tripas. Media hora estuve a la cola de dos improvisados baños y solo avancé la mitad. Al final se me pasaron las ganas, porque ya era mi hora y debía partir.

Yo salía a los 45 minutos de la primera salida. ¡Ya! Te hacen esperar unos minutos para ponerte nervioso, controlar tu identidad antes de darte el mapa y que salgas como caballo desbocado. No advertí claro el triángulo de salida que hace situarte dentro del mapa, pero corrí hasta el primer canal y me apresuré a cruzarlo por un puente.

Derecha, izquierda, segunda, primera… Era urbana, se supone más fácil de orientar, pero exigía un nivel de concentración superior a otra carrera por el monte.

Miedo daba doblar las esquinas con velocidad, a saber quien encontrarías al otro lado. Yo mismo en una vuelta quedé totalmente abrazado a otro corredor. Poco probable que hubiera sentido un abrazo con tanto ímpetu. A veces, si no, te encontrabas bailando claque frente a otro transeúnte.

Siguiente a la derecha, segunda a la izquierda, cruzar puente… bajar y subir escaleras resultó un rompe piernas y el único desnivel que salvábamos. En Venecia hay 446 puentes. Esquivar a los turistas era otro obstáculo a soslayar. En el mapa te venían marcadas las calles con más afluencia de gente.

Una estrategia era dirigirse y tomar referencias de las plazas grandes, pero sobretodo tenías que pensar y elegir porqué puentes debías cruzar los canales, por lo que uno debía buscar además de una veintena de balizas un número de puentes que las triplicaba.

Después de tantos recovecos y volver loca la cabeza las categorías mayores tenían un tramo largo que atravesaba la ciudad a lo largo… Así que encuentra el recorrido más corto, casi tres kilómetros, pero casi todos optaron por otros más cómodos y un poco más largos. Yo no había venido a correr sin más, así que me arriesgué por el centro.

Al final una hora y veinte efectiva de carrera, hacía años que no corría tanto seguido y sin darme cuenta. Me salió un recorrido de 13 km.

En la meta te daban te ardiente y galletas.

Toda la mañana fue un ir y venir de gente de todas las edades que animaron aún más a los turistas. Allí poca gente la ves caminando sin un mapa.

El mapa ésta vez sí se podía decir que era perfecto. No faltaba una callejón, ni sobraba nada resultando totalmente legible. Realmente era muy simple, pero el nivel de detalle tan concentrado, hace a Venecia una ciudad privilegiada para perderse o encontrarse o enamorarse practicando este deporte.

Hacia el final de la mañana regresé al hotel buscando balizas y haciendo fotos ya que compramos un mapa en el que venían situados las 60 balizas pertenecientes a las diversas categorías. También comí algo mientras llegaba el grupo que se había entretenido en meta. Al parecer Nayín estaba ligando con unas niñas italianas.

Por la tarde noche salimos a pasear. Las calles comerciales eran un escaparate, igual que algún restaurante. Máscaras por doquier hacían pensar en una fiesta de carnaval sobrecogedora.

Precio: 22.000 euros

El cristal de Murano brillaba de todos los colores y formaba figuras de cualquier cosa y tamaño. En una tienda observamos precios expuestos de hasta 44.000 € por cosas de cristal que clamaban al arte.

Anochecía casi a las 17:00h, por lo que enseguida parecía que era tardísimo. Cenamos a las 19:30h y estábamos rendidos. Cuando ya nos retirábamos una lluvia fina comenzó a mojar las calles.

De vuelta a nuestra casa Monster nos reunimos en una habitación y nos divertimos comentando jugadas. Parecía que hacía más frío y bromeó Nati: “esta noche te metes en la cama con una alemana y duermes caliente. Si no del tortazo que te da”.

Las alemanas se enteraron bien de la carrera, se cruzaron gente por doquier, incluso habían visto alguna baliza cerca del hotel. Les enseñé un mapa y quisieron quedarse uno limpio de los que nos habían dado. Me preguntaron si me habían regalado algo en la carrera y contestando que no, dijeron en un suspiro: “típico de los italianos”.
Esta vez me acosté antes que ellas y luego tuvieron que encender la luz.
En la cuarta cama de la habitación parecía que iba a dormir una nueva inquilina, otra chica guapísima, puso una pila de mantas, marchó y no la oí regresar. Por la mañana cuando desperté ya no se encontraba. Dormí mucho mejor si cabe.

DIA 16
Desayunamos todos a las 9:00h. Y después arreglamos cuentas con los caseros interviniéndole en el ordenador y todo porque queríamos pagar con tarjeta por internet. Ellos no podían cobrar con tarjeta salvo la reserva que suponía el 10% del total así que nos sorprendieron con una desorbitante cifra con un cero añadido. Pero aclarado todo nos despedimos.

El tren nos salía a las 10:50. Esta vez parecía que teníamos más tiempo. Camino de la estación orientó con mapa en mano, Angel.

Abandonamos Venecia en un día gris como la encontramos. Sin saber que se celebraba el funeral de la ciudad. Esto era porque desde octubre Venecia descendió de los 60.000 habitantes y en treinta años había perdido la mitad. Venecia muere mientras 21 millones de turistas la visitan cada año.

En Brescia teníamos que hacer transbordo. Qué suerte, leímos en un panel de papel que no teníamos ni que cambiar de andén. Cuando quedaban pocos minutos a Angel se le ocurre comprobarlo en algún panel luminoso dentro de la estación y el corazón casi le da un vuelco. Corre a avisarnos y aceleradamente tenemos que cruzar vías por el subterráneo para cambiar de andén. Pero llegamos a tiempo, esta vez.

Cuando llegamos a Bérgamo perdemos el autobús al aeropuerto en las narices. Mi avión sale antes que el suyo y me pongo a comer algo mientras viene el siguiente y a servir zumo. A Nati no le dejan ni ir a comprar una revista al kiosko. Pasan los minutos… Para venir por la noche habíamos tardado poco, pero ahora con el tráfico de medio día nos podíamos esperar cualquier cosa.

En el aeropuerto no dio tiempo a mucho. Había una cola tremenda para pasar el control y me despedí inmediatamente del grupo. Ellos tendrían más tiempo para comer y todo.

Yo tengo que correr al servicio, porque había bebido mucho en la espera. Ya todo ocurre precipitadamente.

Me encuentro despegando del aeropuerto de Bérgamo a la hora prevista y nos introducimos en las tinieblas. Pero en breves momentos atravesamos el manto gris y se hace la luz refulgente que ilumina un suelo de nubes aborregadas blancas como la nieve. Todo el avión suspira. En contraste con el impoluto azul celeste forman un mosaico que se extiende en una inmensa amplitud en la que sólo las puntas de las cimas más altas de Los Alpes sobresalen como si de los hielos de la Antártida emergieran.

Al llegar a Madrid el sol encarnado se oculta justo tras las cuatro nuevos rascacielos.

Pablo Fdez.Liria (Texto y Fotos), A.Espina (Fotos)

María, Pablo, Jorge, Nayo Jr., Silvia, Nayo, Nati y Angel.

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5 pensamientos en “VENEZIA: La Crónica (13-16/noviembre/2009)

  1. Jonay

    Buena crónica Pablo, peazo viaje que os deparó Venezia.
    Al final lo de correr poco más de una hora es la escusa ideal para semejantes aventuras. Enhorabuena a todos por pasar unos días tan emocionantes.

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